Hace ya hacía tiempo que no escuchaba los momentos de la radio, cuando comenzaban a sonar una melodia conocida, no si fue por suerte que se me aproximo el deseo de pensar que lo mejor sería apagarlo, pero mi madre quien gusta de musica mañanera, me quito la mano del encendido, y sin mirarme, me trajo una cuchara en la boca con sabor agridulce, diciendome: -he comprado unas, estan en la bolsa, ve y coge las que quieras-, yo que no solía comer esos majares de pequeño, me di media vuelta y sin pensar en el que dira mi madre, me aleje de la ella, rumbo a la calle, donde una maquina con ruedas, pintaba la calzada de un ollin negrusco, no me atreví a mirar con detenimiento y me fui de ahí, en aquel momento una señora en medio de la calle sacaba un pequeño aparato que acaba de comprarse y, por casualidad su menor hijo dejo fuera, donde el color grasiento de la brea había cubierto del todo; ella que sacaba y en el auxilio, otro de los vecinos que miraban la esena, pasaban la voz a los maquinistas, quienes no oyendo sus reclamos, siguieron con su faena; ni bien sacaron aquello engrasado de la pista, un grupo de niños sin bicicleta comenzaban a molestar a otro, que esperaba a su madre en la tienda cercana al traste recogido. Todos los días la señora, que llevaba a su hijo al colegio a temprana hora de la mañana, recogia los recados de la misma un señor de porte elegante, que sin mirar a los muchachos huerfanos del día y, sin entretenerse en observar a todo el amplio llano de tierra seca, desaparecía en las pistas de las custer que pasaban a montones en la hora del colegio, solo quien pudiera comenzar a ser minucioso, y holgazan, supiera la vida de los demás que no dejanban tiempo a la duda de los vecinos, el contar de los momentos que otros habían dejado para sí. Tenía por nombre Alberto, que mucho y poco había avanzado en el colegio Semillero, donde tenía por amigos a Pablo, Jeferson y Camila; todos unos renacuajos, que doblaban por tres las edades sus docentes, quienes hagarraron de aprecio al menor, siendo camila la afortunada por tener como padre a un docente conocido por el entorno estudiantil y, el mayor, quien no sabía como llamarse entre sus amigos, le ponían por conocer a sus mejores amigos: nofi, porque de algo tenía que ser conocido entre los otros, musitaba su hermano mayor, quien lo recogia todas las tardes, después de terminar sus clases en la escuela mixta Jubenal, donde ya por acabar en los cursos de matematica, no le gustaba enseñar a sus amigos cercanos, sin antes pagar por lo aprendido fuera de clase, ya que llevaba cursos en el instituto, con la idea de terminar el años y seguir estudios en la universidad, donde tenía por amiga a una estudiante destacada de un colegio privado, que sin pasar por instituto, ingreso en el segundo lugar, solo preparandose a muchas horas después de clase, ya que la única forma de hacer logros es por uno mismo: solia decir a sus amigos, entre ellos Geraldo, hermano de Alberto y jugador de fichas después de clases.
Solo soy un hombre simple que puede jugar como dios no quiera, pero no puede rezar como la santa dispone dentro de los canones religiosos, debido a que la misma sentencia de las cortes anglicanas, son en gran medida una de las formas más ortodoxas que determina los destinos de sus captores que infringen las normas propias de su santa sede, por eso lo que más podemos tener en cuenta en cuanto a su disposición majestuosa que guarda el sepulcro de cristo redentor, es contener los mismo preceptos religiosos que puedan juramentarse dentro de los límites de sus normas, que en consecuencia fuera del siglo xix, están dejadas de lado, debido a la falta de información o tenacidad por parte de los dirigentes que lo único que hacen, es solo honrar las palabras sagradas dentro de sus canones preceptuados, que por alguna razón son de la obtención de una simple colegiada información, que por alguna sentida razón o sentido particular, guarda relación con las políticas actuales, venida a menos po...
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